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Ed. 454 |8
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Más de 3.000 personas recibieron atención para salir de su adicción en Córdoba durante el año pasado
Crece la demanda de ayuda para salir de las drogas
El año 2009 ha sido especialmente duro para la lucha contra las adicciones. Los colectivos sociales registraron un 20,6 por ciento más de usuarios que en 2008 e insisten en que la falta de recursos les impide atender las nuevas necesidades
Laura Pérez l.perez@lacalledecordoba.com
Al año 2009 ha dejado un panorama desalentador en la lucha contra las drogodependencias. Psicólogos y terapeutas cordobeses ya están alertando de que en los próximos meses la afluencia de personas con problemas de drogas será incluso mayor a la registrada durante todo el año pasado pues, entre las situaciones más dramáticas que está dejando la crisis se encuentra una tremenda hilera de individuos hundidos que acaban enganchadas a algún tipo de sustancia, y en especial al alcohol.
Esto, como explican los colectivos sociales dibuja un nuevo mapa en la atención a los drogodependientes que requiere un cambio en las estrategias que la Junta de Andalucía planea incluir dentro del III Plan Andaluz sobre drogas y adicciones 2010-2016 pues, tal y como aseguran, los recursos continúan siendo escasos y los programas de prevención, asistencia y de incorporación social, insuficientes.
Un incremento desorbitado
La prueba del brutal incremento y que ahora amenaza con crecer, la ofrecen los propios colectivos sociales. Tanto es así que en el Centro Nueva Frontera raramente ha pasado una semana sin que hayan registrado dos o tres nuevos usuarios; el servicio de Drogodependencias de Cruz Roja ayudó el año pasado a 922 personas en Córdoba, lo que supuso un incremento del 47 por ciento con respecto a los 627 ciudadanos que pasaron por la institución en 2008. Por su parte, el incremento de usuarios en Proyecto Hombre aunque algo menor, alcanzó hasta un 25,7 por ciento, al atender a 758 personas frente a las 563 registradas en 2008, y los colectivos que integran la Federación Cordobesa de Drogodependencias y Sida Madinat asistieron a un total de 1.350 personas en toda la provincia, una cifra un diez por ciento superior a las 1.215 del año anterior.
Esta tendencia al alza que en global supone un incremento de un 20, 6 por ciento con respecto al año pasado, según insisten los colectivos sociales, demuestra no sólo que las iniciativas para prevenir el consumo de sustancias puestas en marcha por la Junta de Andalucía no han sido eficaces, sino que además, durante los próximos años las actuaciones asistenciales y los tratamientos para combatir las drogodependencias necesitarán de “un mayor apoyo por parte de la Administración”, apuntan desde Madinat, pues de hecho, ya son muchas las entidades dedicadas a tratar a los consumidores que, como Nueva Frontera o el Centro Peniel, se han visto desbordados y escasos de recursos durante el año 2009.
Consumidores pudientes
Aunque la tendencia general es un rejuvenecimiento entre los consumidores de sustancias, y de hecho hasta un treinta por ciento de los registrados por Madinat estaban entre los 18 y los 30 años. El perfil medio de quien acude a los colectivos sociales sigue siendo el de un hombre de entre 30 y 45 años con un importante historial de politoxicomanía y en el que la cocaína y la heroína suele estar presentes con grandes dosis de alcohol.
Si bien, lejos de la imagen de drogadicto marginal, y como reflejo del aumento de dependientes causado por la crisis, cada vez son más las personas procedentes de entornos normalizados e incluso con cierto poder adquisitivo acaban pidiendo ayuda. Por lo general, asegura Navarro, son personas que o bien han tocado fondo y han rozado la muerte, o bien lo han perdido todo, su familia, sus negocios e incluso la aceptación social.
Alvaro L., un joven de ahora 31 años reúne muchos de los rasgos que los colectivos sociales están detectando entre los nuevos consumidores de sustancias ilegales. En su caso, fue precisamente el hecho de provenir de una familia normalizada y con cierto poder adquisitivo lo que le facilitó entrar en contacto con Proyecto Hombre, dónde con tan sólo 24 años empezó un programa de apoyo al tratamiento para poner fin a su adicción a la cocaína. Él mismo está convencido de que fue el apoyo de sus padres lo que hizo que lo cogieran a tiempo y que no terminara con su vida pues en su pesadilla, el punto de inflexión fue una sobredosis de heroína tras un primer intento por dejarlo, que apunto estuvo de matarlo.
La dificultad de salir
La apuesta que los colectivos sociales exigen a la Administración para poder ser capaces de atender las nuevas realidades que están integrando el mapa de las drogodependencias pasa además, por incidir en estrategias que eviten las recaídas y los abandonos de los programas terapéuticos que “continúan siendo habituales”, añade la psicóloga del Centro Peniel, Yolanda Soto.
De hecho, según las cifras que maneja la Federación Madinat, un 30 por ciento de las personas que termina el proceso terapéutico vuelve a recaer de forma reiterada y un 20 por ciento de los registrados el año pasado, solicitaron el alta voluntaria abandonando su proceso antes de tiempo.
Miguel Moslero es uno de esos expolitoxicómanos que sabe perfectamente lo que es empezar un programa y no acabarlo pues, tras nueve años de haber culminado el suyo propio y lleva otros tantos como monitor en la comunidad terapéutica de Centro Peniel, no sólo lo ha vivido en su propia piel sino también en la de otros muchos consumidores que lo intentaron sin éxito hasta el punto de perder la vida en una recaída.
Este hombre de ahora 44 años acabó invirtiendo todos los beneficios de su negocio en las dosis de cocaína y heroína que necesitaba cuando estaba despierto. Su familia lo rechazó y su pareja, por entonces embarazada, lo dejó. “Acabé mendigando en un semáforo, sólo habría los ojos para consumir”, recuerda.
Como reconocen el director del Centro Nueva Frontera y la psicóloga del Centro Peniel, los programas de deshabituación suponen un cambio tan brusco para el toxicómano que no todos llegan a culminarlos. Con independencia de que se trate de una comunidad terapéutica, como lo fue en el caso de Miguel, o de un programa de apoyo, como al que asistió Álvaro, todos ellos suelen estar encaminados a cambiar la forma de actuar y de resolver problemas o situaciones conflictivas que tienen los toxicómanos, tienen que aprender estrategias diferentes a acudir al consumo de una sustancia y por lo general no resulta fácil sino que requiere muchos recursos de apoyo.
Para Álvaro, los primeros días en el programa de apoyo de Proyecto Hombre fueron especialmente duros precisamente por esto. “Tuve que aprender a cambiar hábitos de mi vida que ahora me ayudan a seguir adelante. Antes de entrar allí, cuando tenía un problema, como puede ser una discusión con alguien, lo resolvía con una dosis que me hacía olvidarme, pero cuando se me iba el efecto, el problema seguía allí y era aún peor”, asegura hoy, tres años después de haber recibido el alta en Proyecto Hombre.
Su rehabilitación tuvo momentos muy amargos pues durante la etapa más crítica de su programa, al igual que le ocurre a muchos otros, Álvaro tuvo que hacer frente a varias recaídas especialmente “traumáticas” que incluso le llevaron a plantearse abandonar el programa.
El monstruo sólo está dormido
Aún es pronto para saber cuántas de las personas que han ingresado en un programa de deshabituación en 2009 culminarán con éxito su carrera hacia la vida. De hecho, psicólogos y terapeutas aseguran que hay gente que lleva años entrando y saliendo de las terapias, que tienen recaídas y que se encuentran bastante deterioradas. Tanto es así que, entre las inversiones que colectivos como el Centro Peniel consideran urgentes está el hecho de hacer un seguimiento integral con las personas que reciben el alta pues “sólo así conseguiremos que no vuelvan a caer”, insisten las fuentes.
Entre los que lograron salir adelante están Álvaro y Miguel. Ambos recuerdan su alta como politoxicómano rehabilitado como un momento de vértigo, en el que se sintieron vulnerables y libres al mismo tiempo. Aún hoy, años después de aquello, y aún asegurando que la tentación de consumir ya no existe, sí admiten cierto temor a que vuelva. Álvaro asegura que tiene “recuerdos muy peligrosos que me angustian y prefiero evitar e imágenes en televisión que mejor no ver”. Para Miguel la explicación de esto es bien sencilla. La dependencia a las drogas es “un monstruo dormido que el extoxicómano lleva dentro y con el que hay que luchar a diario para que no se despierte” y eso sólo se consigue con fuerza de voluntad, apoyo y eso sí, manteniendo una distancia absoluta con todo lo relacionado con la amarga historia que los llevó al consumo y nos acercó a la muerte”, concluye Miguel.
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La cocaína, la reina de las sustancias
La cocaína sigue siendo la sustancia que ha motivado el mayor número de atenciones para salir de las drogodependencias que han registrado los colectivos que integran la Federación Cordobesa de Drogodependencias y Sida Madinat a lo largo de todo el año 2009.
Dicha droga está presente tanto en personas adultas de entre 30 y 45 años, donde aparece combinada con heroína, como en jóvenes que además, la suelen consumir en alternancia con tabaco, alcohol, cannabis y pastillas.
Las atenciones a personas mayores de 45 años se centraron sobre todo en problemas de alcoholemia. Y en este caso, según apuntan desde la Federación Madinat, las demandas de ayuda se prolongan hasta los 60 en personas que por lo general, presentan además un grave deterioro físico y psíquico.
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