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  Jueves 2 de septiembre de 2010 Año XI ~ Nº 474 | Ed.Imp. 624 | Del 31/07/2010 al 11/09/2010  
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ARQUITECTURA CULTURAS | Ed. 440 |26

Hacia una modernidad sin aspavientos

No se puede vivir eternamente de las cenizas y por eso los expertos creen que es hora de que la arquitectura actual se meta en el casco histórico. Eso sí, haciéndolo con respeto, prudencia y, sobre todo, huyendo de las recreaciones

Sara Arguijo Escalante
s.arguijo@lacalledecordoba.com

No sólo de pan vive el hombre, ni sólo del patrimonio puede vivir Córdoba. Las ciudades ricas son las que han conservado las huellas del paso de la historia. Las que han ido recogiendo el legado de los años en sus calles, sus casas y sus monumentos. Por eso, no se puede pretender que el siglo XXI se quede al margen de esta transformación y, pese a ser difícil y arriesgado, los expertos tienen claro que es hora de que la arquitectura contemporánea salga del extrarradio y se cuele en los cascos históricos.

Claro que la complejidad está en cómo. ¿Con “absurdas recreaciones de balcones, geranios y forjas”?, como critica el prestigioso arquitecto Rafael de la Hoz; ¿con edificios que rompan por completo la línea existente, al estilo de lo que han hecho otras ciudades como Murcia con el Ayuntamiento de Moneo frente a la Catedral o Sevilla con las controvertidas setas de 26 metros de altura ideadas por Jürgen Mayer para la Plaza de la Encarnación? ¿O, quizás, con proyectos como el que está llevando a cabo la Fundación Botí en la plaza de Judá Leví, que trata de pasar desapercibido en el entorno?

Pues este debate es que el que han mantenido estos días arquitectos, colectivos sociales y expertos en unas jornadas organizadas por el Grupo de Ciudades Patrimonio de la Humanidad (GCPH), que tienen como objetivo la búsqueda de estrategias comunes para la integración de la arquitectura moderna en sus cascos históricos, “siempre garantizando su protección”, señala el presidente de la Gerencia de Urbanismo, Francisco Tejada. Es decir, lo que se ha hecho es establecer, mediante el análisis, una guía de actuación de forma que estas ciudades puedan tener criterios comunes a los que agarrarse cuando vayan a acometer nuevos proyectos en zonas con tanta riqueza monumental como son los centros de las ciudades, donde, por otro lado, las nuevas ideas no son muy bien recibidas.

“Tendemos a pensar que cualquier modificación del entorno al que estamos habituados es una agresión. Pero realmente la buena arquitectura se integra perfectamente”, asevera el coordinador de las jornadas y director de la Oficina del Casco Histórico, Pedro Caro. Lo que ocurre es que esa integración no es tan sencilla y menos en una ciudad donde la herencia histórica es un regalo, pero también un lastre.

 

Comunicación con el entorno

Al menos así lo expresan la mayoría de las fuentes consultadas por El Semanario, que admiten que el diálogo entre el pasado y el futuro es muy complejo. El arquitecto Rafael de la Hoz resume esta problemática con una frase de Grouxo Marx: “Tanto si te casas como si te quedas soltero, cometes un error”. Desde su punto de vista, tratar de construir falsos históricos no tiene sentido, “es como ir a la guerra con lanzas, con armamento antiguo”, explica. Pero, en el otro extremo, pretender insertar una pieza de arquitectura completamente rompedora en un casco histórico como el de Córdoba es también una equivocación. La cuestión estaría entonces –como continúa el arquitecto- en si se prefiere “sustituir la perla que se pierde del collar por otra falsa o hacerlo por una esmeralda auténtica”.

Parece que ésta es la gran pregunta y el principal reto al que se enfrenta la arquitectura moderna y cuya única solución está en valorar cada caso específico. Es más, los encuestados dejan patente que “no hay buena o mala arquitectura, hay buenos o malos proyectos urbanísticos”, señala Víctor Fernández, geólogo y miembro del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios Históricos y Artísticos (Icomos).

En este sentido, es primordial tener en cuenta el dónde para saber el qué, algo que parece que se ha olvidado en los últimos años con construcciones que responden más a los intereses particulares del arquitecto “que quiere dejar su marca por encima de todo”.

A este respecto, Rosa Colmenarejo, experta en gestión del Patrimonio Territorial y cofundadora de Ciudad Tándem -asociación para la ciudad, vivienda, paisaje urbano y feminismo-, recalca que para llegar a soluciones “bellas y útiles” hay que pasar necesariamente por la comunicación con los espacios y con quienes los habitan y defiende que “una actuación que aspire a ser reconocida y valorada no puede abordar el espacio como si se tratase de un lienzo en blanco”.

 

Prudencia y humildad

Así si hubiera una fórmula que garantizase el éxito de estos proyectos ésta pasaría por cinco grandes máximas: arquitectura sensata, de calidad, que huya de los edificios espectáculos, de los falsos históricos y del ‘fachadismo’, una moda según Fernández “muy presente en Córdoba”, que se basa en conservar las fachadas de edificios y que, según opina, “sólo da lugar a una especie de edificios esquizofrénicos o bipolares que no siguen ninguna lógica y cuyo resultado es totalmente opuesto al que persigue la cirugía estética, es decir, hace que parezcamos más antiguos de lo que somos”, sostiene.

En cuanto a los llamados edificios espectáculos, por ejemplo, los expertos consideran que no deben ser bienvenidos nunca. “La arquitectura heredada ya es suficientemente impactante y si la pregunta es si hay algún arquitecto que pueda mejorarlo, yo digo no, muchísimas gracias”, dice categórico Rafael de la Hoz. La clave está más, por tanto, en la apuesta por composiciones, colores, materiales e imágenes modernas, que se adecuen a lo que le rodea pero sin sobreimponerse al entorno, sin distorsionar. Además, para Víctor Fernández es fundamental que esto se haga con prudencia y humildad, “dos asignaturas que deberían formar parte de los planes de estudio de toda la gente que trabaja en patrimonio”, manifiesta.

 

Córdoba ¿rezagada?

Al menos en la teoría, todos creen que el paisaje urbano no admite aislar o inventariar cada uno de sus valores sino que ha de contemplarse como fragmentos de un sistema complejo que posibilita su integración real en la vida cotidiana de las gentes con quienes comparte escenografía, algo que en el caso de Córdoba cuesta bastante.

En primer lugar, esta ciudad ha sido víctima de “años en los que se ha construido indiscriminadamente y se ha perdido bastante”, apunta Caro, con el añadido de cuenta con uno de los cascos históricos más grandes y mejor conservados a nivel nacional y europeo, con lo que el miedo a cometer errores es mayor. “Me gusta pensar en Córdoba como una ciudad que respira hondo antes de tomar una decisión; sin embargo, a veces parece que le cuesta reaccionar, que todos los cauces van lentos, que las actuaciones no fluyen…”, admite Colmenarejo que, a pesar de esto, dice preferir “la lentitud a las decisiones atropelladas”.

De todas formas, ahora las leyes y los mecanismos de control existentes hace que sea el momento “de ir abriéndonos e ir confiando de nuevo en la arquitectura”, señala el director de la Oficina de Casco Histórico, y de alguna manera suponen un punto de inflexión para pasar del todo vale y empezar a dibujar el mapa hacia el que se quiere ir.

Es cierto, que cualquier intento de innovación que se ha hecho hasta ahora ha levantado ampollas entre los cordobeses (recuérdese la Torre Prasa o el posterior Hotel AC como ejemplos). De ahí que el “territorio de oportunidades”, como lo califica un informe hecho por el GCPH para las jornadas, se haya centrado en los márgenes del río Guadalquivir, donde por el momento se han hecho las iniciativas más valientes, como la del edificio que albergará el C4 y el Palacio del Sur.

Asimismo, recuerdan que la ciudadanía tampoco puede pretender que se sigan haciendo casas del siglo XVIII en el XXI y, para ello hay que “explicarle a la gente qué es la arquitectura moderna” y, al mismo tiempo, “quitarnos de encima el complejo de cateto que tenemos” que los expertos alertan que nos puede llevar a justificar proyectos aberrantes.

En cualquier caso, todas estas son consideraciones teóricas que habrá que hacer realidad si se quiere que dentro de unos siglos Córdoba sea mucho más que la Mezquita.

Intervenir en casas y espacios públicos
El eterno debate de la integración de la arquitectura contemporánea se complica aún más en los cascos históricos. Sobre todo cuando, como en el caso de Córdoba, es un “casco vivo” en el que habitan alrededor de 40.000 personas que demandan servicios y tienen necesidades de movilidad y equipamientos. Claro que, como apunta Pedro Caro, lo que muchas veces se olvida es que la arquitectura actual no es sólo la de los edificios singulares sino también la que se hace a través de la construcción de viviendas y de espacios públicos. Es decir, también una ciudad es más o menos moderna según lo sean su mobiliario urbano o pequeñas intervenciones que la diferencian, como la escalara mecánica que permite subir al Alcázar de Toledo.

En este sentido en el informe elaborado por GCPH se recomienda la instalación en las azoteas de algunos edificios de la ciudad de micromiradores que permitirían tener una perspectiva distinta de la “fascinante y desconcertante geografía de las calles”, cita el estudio. Una idea que la Gerencia de Urbanismo no descarta adoptar.



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