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  Jueves 2 de septiembre de 2010 Año XI ~ Nº 474 | Ed.Imp. 624 | Del 31/07/2010 al 11/09/2010  
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MÚSICA CULTURAS | Ed. 422 |20
“No sé si he llegado donde quería, pero quiero más”
Y tras el vendaval, la ‘gracia’

Tranquilo, pero insaciable. Tras superar una mala racha, el guitarrista Vicente Amigo vuelve con ‘Paseo de Gracia’ bajo el brazo, superando “vértigos” y asegurando que todavía le queda “mucho que dar”

Julia Zafra
j.zafra@lacalledecordoba.com

A veces me pregunto cómo he podido hacer el disco estando mal por todos lados”, confiesa Vicente Amigo (Guadalcanal, Sevilla, 1967). Y es que éstos no han sido buenos tiempos para el guitarrista. Primero fue una mudanza con todo “el estrés” que ello supone: “No solamente te dejas los muebles, sino todas las historias que allí has vivido”, cuenta.

Como su estado de ánimo, su último y sexto disco en solitario, Paseo de Gracia (Sony Music y Vicente Amigo), se vio dividido entre el que había sido hasta entonces su estudio y rincón de inspiración, y el de su técnico de sonido y amigo, Lauren Serrano.

Después vino la operación de hernia discal. Vicente arrastraba tremendas molestias en la espalda, propias de una profesión como la suya, hasta que el dolor lo condenó a sufrir tanto que la intervención se precipitó. Tras siete meses “mal” afirma que, de saberlo, se hubiera operado antes. “Lo que pasa es que esas cosas de meternos en un quirófano siempre nos las pensamos mucho”, relata ya aliviado.

Pero, como lo que no mata, hace más fuerte, en la actualidad el músico no tiene nada que ver con ese hombre de cartón herío, que describe en el Autorretrato de su más reciente trabajo, rematado por la penetrante voz de Enrique Morente.

Hoy, Amigo se confiesa “contento” porque ya ha superado toda “esa quema de atrás” y mientras acomoda un cojín en cada silla de su flamante casa y se autoconvence de que tiene que andar un poco por recomendación médica, afina, cierra los ojos y deja salir unos acordes de la misma guitarra que lo ha acompañado durante treinta años, pues ha sido ella, la guitarra que abraza con sus ágiles y firmes manos, su refugio y su aliento, la que le brindó -dice- las fuerzas cuando más las necesitaba: “Lo único bueno es que no me he rendido y he estado ahí, componiendo, y gracias a eso ahora estoy dispuesto a defender el nuevo disco”, apostilla.

 

Y, por fin, la ‘gracia’

Prueba de esa superación es el título y el contenido de su esperado Paseo de Gracia, un regalo para los incondicionales de Amigo y una sorpresa para los más irascibles, pues a diferencia de anteriores trabajos, en éste adorna el protaganismo de la guitarra con la ornamentación musical, asomándose al pop, al bolero y a la rumba, manteniendo un idilio con la guitarra eléctrica y rodeándose de colaboraciones de lujo, como las de Alejandro Sanz, Niña Pastori -a los que le devuelve el favor-, Enrique y Estrella Morente, José Parra, Lin y Nani Cortés, y los músicos Tino di Geraldo, Antonio Ramos Maca, Alexis Lefêvre y Paquito González, “personas amigas y con un alto grado de sensibilidad”, señala.

Se trata de un álbum que huye de las etiquetas, con letras que hablan de él mismo, y que exalta las “colaboraciones con amigos”, según describe, resultado de materializar un deseo que tenía en mente desde hacía años.

Y lo que digan los puristas -asegura- se valorará llegada la hora, pero a los que no entienden la fusión, les pide de momento que hagan un esfuerzo. “Es la única manera de crecer en todos los campos de la vida: desde la tolerancia y aceptando que lo que hacen otros podrá o no gustarnos, pero eso no determina que no sea válido”. Porque lejos de herir susceptibilidades, su sana intención es la de aprovechar lo que puede aportar el flamenco que sigue llevando dentro a otras formas de expresión: “Muchos valores tanto artísticos como humanos”, defiende.

 

La presión de cumplir expectativas

No obstante, tratándose de Vicente Amigo, las expectativas puestas en su persona y en sus obras, siempre alcanzan cotas demasiado elevadas, tanto, que hasta a él mismo le dan “vértigo”, por eso, “trato de olvidarlo, de estar tranquilo, y si no las cumplo, lo siento, porque no voy a dar más de lo que pueda, pero menos tampoco”, afirma rotundo.

Y es que si difícil resulta llegar, también mantenerse. Para el músico, que se curtió con grandes como El Tomate, Merengue de Córdoba o Manolo Sanlúcar, y acompañó la voz convertida en leyenda de Camarón en aquel Soy Gitano, cada etapa exige su “faena”. Lo que sí tiene muy claro es cómo afrontar el porvenir: “No sé si he llegado donde quería, pero quiero más, porque sé que me queda todavía mucho que dar”, advierte.

 

“He cambiado muy poco”

Pero con Paseo de Gracia ni rompe una monotonía que considera fuera de lugar en un trabajo como el suyo, ni presenta a un nuevo Vicente Amigo. Para él, “es una aproximación a otros estilos musicales desde el profundo respeto y sin pretensiones”. Es lo menos que se puede esperar de un músico que siente curiosidad ante el “inmenso y misterioso” mundo de la música y que reconoce que en esa inquietud reside el motor de su creatividad.

Por lo demás, es el mismo de siempre. De hecho, admite que apenas ha cambiado desde que decidiera dedicarse a tocar la guitarra. “No creo que se aprenda tanto en la vida. Tu tienes unas condiciones y, según éstas, así trabajas. Mi vida es prácticamente igual que antes: me levanto, echo unas horas con ella (la guitarra) por la mañana, y por la tarde, igual”. ¿El tiempo? no se puede cuantificar en horas ni en minutos. “El que consideremos suficiente para sentirnos bien con nosotros mismos, porque lo que nos pasa a los músicos es que estamos tan enganchados a lo que hacemos que nos pasamos los días enteros sin darnos cuenta, hasta que te levantas y tienes la espalda hecha polvo”, apunta en alusión a su lesión.

Porque en su trabajo no hay descanso. Místico y descubridor de armonías, Vicente Amigo es uno de los artesanos del sonido más personales. La suya es una carrera dedicada a “la búsqueda constante” que lo empuja a seguir experimentando con un ansia insaciable, equiparable a la del primer día, con las manos siempre en movimiento y los ojos, cerrados o perdidos en el infinito, intentando captar la nota que le abra la puerta a una melodía insólita.

Sin embargo, para los cordobeses de a pie, el músico no es el mismo que se dejaba ver por alguna plaza de la ciudad de vez en cuando. Actualmente, y como publicó este medio, lo consideran uno de los mejores embajadores de la cultura cordobesa para el 2016.

Un halago que el guitarrista recibe agradecido, y al que responde afirmando que no sólo se prestaría a promocionar la ciudad en el exterior, sino que a su manera, él ya encarna a uno, entre otros muchos, de los artistas que llevan el nombre de Córdoba a todos los lugares que pueden, independientemente de que al final se consiga o no el objetivo.

Y es que Amigo está convencido de que la Capitalidad Europea de la Cultura no sólo depende de lo que “podamos aportar personas más o menos conocidas. Únicamente será posible si la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas nos la creemos y nos empeñamos en ello”, resalta.

 

La cita, en octubre

En cualquier caso, su periplo internacional de promoción acaba de empezar con una gira que lo llevará hasta paraísos tan exóticos como la Isla de la Reunión. La cita en Córdoba está fijada para los días 2 y 3 de octubre y sobre la presencia de alguna de las voces del álbum la noche del concierto, el guitarrista guarda silencio, aunque dice que espera que “la sorpresa sea descubrir las diferencias entre un disco y un directo”.

Córdoba aguarda. Mientras tanto, el músico invita a pulsar el play y deleitarse dando un Paseo de Gracia, porque, si a su sexto trabajo todavía tiene mucho que decir en un mundo encorsetado para algunos como es el flamenco, queda Vicente para rato. Y sea con guitarra eléctrica o española, con una rumba-tango o con una inmaculada soleá, sus melodías, un ejemplo de armonía entre el sosiego y el arrebato con ecos de la tierra, son inconfundibles. Vicente Amigo, en estado puro.

“La piratería es lo más surrealista, pero tienes que aceptarla”

Las descargas ilegales y la piratería crecen y la industria decae sin soluciones decisivas a la vista. El panorama musical actual no se antoja demasiado halagüeño y la voracidad de la Red atrapa a todos los artistas por igual. Apartado en su rincón de creación, Vicente Amigo aborda el tema incrédulo: “Mi disco estaba colgado en internet con la carátula y todo dos meses antes de estar fabricado. Es lo más surrealista, pero tienes que aceptarlo y ya está está”, afirma. Su situación es como la de otros tantos músicos damnificados por las descargas fraudulentas, pero Amigo no deja que los malos agüeros lo detengan. Quien bien lo quiere, se comprará el disco. Así que buena cara y confianza en la resistencia, que en estos casos la conforman los fieles que prefieren escuchar los discos originales y conocer más de sus artistas a través de los agradecimientos y las fotografías. Lo malo es que “eso está desapareciendo -lamenta-, y la prueba está en que muchas compañías están quebrando”.



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