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Ed. 268 |24
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Biblioteca de calle
Generosidad, lectura y juego son los elementos fundamentales del ‘bookcrossing’, un fenómeno que busca nuevos seguidores en Córdoba
Olga Pérez Barbero o.perez@lacalledecordoba.com
Esto es un libro libre. Léelo y vuelve a liberarlo. Permite que todos disfruten de él”. Este es el reclamo que Francisco García, alias Oxyura, ha dejado escrito en la primera página de El Alquimista, de Coelho, un libro que ha ‘liberado’ a los pies de uno de los naranjos de la Plaza de las Tendillas.
Puede que usted sea uno de los que pasó a su lado y pensó que alguien lo dejó olvidado; o aquél que lo soltó rápidamente al ver, en su portada, la pegatina que lo animaba a compartirlo con otras personas, (después de haberlo leído); o quizás sea el que lo encontró, lo registró y cumplió con todos los pasos que se le suponen al bookcrossing, convirtiéndose así en todo un becero.
Si este último ha sido su caso, sepa que ha pasado a engrosar la larga lista de personas que, por todo el mundo, están dispuestas a compartir sus libros con otra gente, de manera altruista, y que no sólo disfrutan leyendo, sino jugando a dejar y rescatar estos ejemplares en una aventura capaz de dar la vuelta al mundo.
“El bookcrossing es generosidad, -porque esto es algo que te cuesta el dinero- lectura y juego, es hacer del mundo una biblioteca global”, asegura el cordobés Francisco García, que conoció este fenómeno casualmente en abril de 2004 al ver un reportaje sobre el tema en la televisión.
Desde entonces, ha ‘liberado’ (dejar un libro en un lugar específico para que alguien lo recoja) más de cien libros, de los que sólo han sido ‘cazados’ (recogidos) y registrados en la web que existe con este fin, unos veinte.
Esto no es ninguna decepción para quienes participan de este movimiento, más conocidos como beceros. El porcentaje de libros que acaban desapareciendo, o formando parte de la estantería de la casa de algún que otro lector avispado, es muy elevado, y llega a rozar el 80 por ciento.
Cuando la cadena se rompe
Aún sabiendo esto, los beceros no desisten y se arriesgan a que sus libros viajen por la ciudad, -en ocasiones incluso de una ciudad a otra-, porque nunca se sabe cuando se puede encontrar a alguien que esté dispuesto a entrar en el circuito.
María del Carmen Salas estudió Filología Inglesa y su primer libro, de Thomas Mann, lo liberó en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Córdoba. El libro desapareció pero nadie dio señales de haberlo encontrado y no se pudo continuar con la cadena.
Hasta el momento ha repartido unos 45 libros por diversos puntos de la ciudad, y solamente cuatro han sido localizados y registrados como es debido. “La mayoría de la gente no sabe de lo que va, o simplemente no se atreve a entrar en el juego”.
Ella si se reconoce como una lectora empedernida (lee entre siete y ocho libros mensuales) pero no existen cuotas de lectura en el bookcrossing, como tampoco reglas “que vayan más allá del propio sentido común” aclara García.
En este sentido, hay que señalar que la persona que encuentre el libro, que tendrá que ir perfectamente diferenciado con un código de identificación, no está obligada a dejar otro en su lugar, ni siquiera a volverlo a poner en circulación cuando haya terminado de leerlo, aunque lógicamente esto es lo más deseable y lo que impulsa parte del juego que rodea al bookcrossing.
Y es que en este fenómeno, que cuenta con gran cantidad de seguidores en ciudades como Madrid o Barcelona, también prima bastante la parte lúdica. Como explica Eugenia Alcaide -lucifuga para los beceros-, el amor por la lectura no es lo único que importa, de hecho asegura tener compañeros y amigos que son verdaderos devora libros y, sin embargo, nunca se han sentido atraídos por este fenómeno.
Hay que tener en cuenta que cuando se realizan liberaciones o se ‘va de caza’ se pasa fácilmente al terreno del juego, de la mano de la duda que genera el saber si se llegará a tiempo para rescatar un libro o ya se lo habrá llevado alguien, o si el ejemplar que se ha dejado en un árbol será registrado en el foro.
Registros en la web
Internet, en este sentido, se ha convertido en el gran aliado de los beceros y en su vía de comunicación. En www.bookcrossing-spain.org se pueden encontrar los libros que están circulando en las ciudades españolas, los lugares en donde se ha realizado una liberación reciente o el sitio donde se realizan los registros de los libros que se van encontrando, para seguirles la pista.
En la Red, los beceros pierden su identidad y se conocen por sus nick, aunque en todas las ciudades se organizan reuniones periódicas para compartir sus experiencias fuera del mundo virtual.
“Es mucho más que el placer por la lectura. Te relacionas con mucha gente y eso es enriquecedor”, apunta Salas, que se conoce en la web como romoza, y que fue uno de los primeros cien beceros españoles y uno de los cinco que se mueven de manera activa en Córdoba, donde hay muchos más registrados.
En vista de esta situación, en la ciudad existen pocas liberaciones y, aún así, hay determinados lugares en las que éstas son más frecuentes.
Los Jardines de la Victoria, el bulevar Gran Capitán, o El Zoco son algunos de los sitios más recurrentes en los que se puede encontrar algún libro con la marca del bookcrossing. Al margen de estos enclaves, al igual que todas las ciudades, la ciudad cuenta con un punto especial de referencia que, por diversos motivos, se convierte en lugar de preferencia para los beceros.
En Córdoba este sitio se encuentra frente a La Pérgola y se trata de un árbol bastante enrevesado con un hueco que guarda, con cierta periodicidad, las historias y los deseos de compartirlas de quienes depositan allí un libro. Este escondite se conoce como el árbol de Lucifuga ya que fue Eugenia Alcaide quien lo descubrió y dejó un ejemplar resguardado en su tronco por primera vez.
Liberación controlada
Aparte de la liberación que tiene la calle como escenario, (conocida como liberación salvaje y que es la más frecuente), también existen maneras de ‘prestar’ los libros que se conocen como liberaciones controladas en las que el propietario, si así lo desea, puede recuperar su libro. En estos casos, a través del foro, los beceros pueden solicitar algún ejemplar de las obras que sus colegas cuelgan de sus estanterías y en el caso de que se trate de otra ciudad, e incluso de otro país, es el correo ordinario o la mensajería lo que comienza a funcionar.
“Hay libros que jamás liberaría, ni siquiera en Internet todos los libros que aparecen están disponibles”, apunta Francisco García ante la pregunta de si no les duele deshacerse de sus libros. Para él, hay obras que están en las estanterías y sabes que nunca vas a leer, ¿por qué privar de su lectura a otras personas a las que pueden interesarle?
Resulta curioso observar que la mayoría de las obras que se distribuyen con este movimiento tienen formato de bolsillo, (más barato), “aunque libros al fin y al cabo”. También cabe subrayar que se han dado casos, según relata Alcaide, de beceros que han comprado un libro para ellos y les ha gustado tanto, que han comprado otro ejemplar para ponerlo en circulación.
Conforme el fenómeno fue creciendo, según cuentan García y Alcaide, las editoriales se iban mostrando reacias a este intercambio de libros, en el que veían una competencia que podía rebajar el número de sus ventas. Con el tiempo, señalan, se han dado cuenta de que esto no es así, y son ellas mismas las que cuando lanzan alguna nueva colección avisan para liberar una buena cantidad de libros lo que, por una parte, les sirve de promoción y, por otra, mantienen el ritmo del circuito.
Libres de cribas
Todos los beceros insisten en que no hay que cumplir ningún requisito para entrar a formar parte del bookcrossing. A pesar de ello, los datos facilitados por Raquel Carlús, responsable de prensa de bookcrossing-spain, apuntan a que el perfil dominante es el de mujeres de entre 30 y 35 años, con un nivel social y cultural medio alto y estudios universitarios.
Mujer u hombre, si a usted le gusta la lectura ande con cuidado a partir de ahora por la ciudad, por si algún libro, tras mucho viajar, decide salir a su encuentro.
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¿Cómo convertirse en becero?
Lo primero que hay que hacer para convertirse en un becero es registrarse como tal en la web internacional www.bookcrossing.com, mediante un nick y una dirección de correo electrónico. A partir de ahí ya se podrá salir de ‘caza’ cuando se quiera y liberar los libros que se deseen.
Desde ese momento, el usuario dispondrá de una estantería virtual, una especie de escaparate en el que se incluyen los libros que son susceptibles de ser liberados, bien de manera ‘salvaje’ (en cualquier punto de la ciudad) o bien de forma ‘controlada’.
A cada libro registrado se le asigna un número o código de identificación, que el becero deberá señalar en la etiqueta que se coloca en cada libro cuando va a ser liberado, y que se puede descargar de Internet.
Precisamente, cuando el usuario tiene la intención de liberar un libro tendrá que rellenar lo que se conoce como ‘nota de liberación’ en donde indicará la hora, el día y el lugar en el que dejará el ejemplar, para que cualquier otro becero interesado en él pueda ir a ‘cazarlo’.
Si no está registrado y ha encontrado un libro circulando por su ciudad, puede introducir el código de identificación de la obra en cuestión en la web y tendrá acceso al diario de viaje del libro, dónde se puede especificar qué persona lo tiene en ese momento.
De esta manera, el becero que lo dejó originariamente puede ir conociendo la ruta que sigue su libro, una de las cosas que más ilusiona a estas personas, para las que saber que el ejemplar que dejó continúa de mano en mano es una satisfacción.
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